Tropas europeas en Ucrania: ¿puede una fuerza liderada por Reino Unido y Francia tener éxito sin el apoyo de EE. UU.?

Once países se preparan para el Ejercicio Koalicja en Polonia mientras Europa pone a prueba una fuerza liderada por Reino Unido y Francia para Ucrania, condicionada a un alto el fuego y sin depender de EE. UU.
Los detalles, según informó The Guardian el 3 de noviembre, llegan mientras 11 países se preparan para el Ejercicio Koalicja, unas maniobras militares multinacionales previstas del 9 al 22 de noviembre en Polonia.
Los preparativos representan un avance significativo. Los gobiernos europeos ya no discuten únicamente asistencia financiera, entregas de armas o garantías diplomáticas. Están poniendo a prueba cómo podrían operar sus propias fuerzas en territorio ucraniano, lo que podría situar a soldados europeos en confrontación directa con Rusia.
Sin embargo, el despliegue propuesto sigue condicionado al fin de las hostilidades y a una solicitud de Kyiv. La coalición no ha acordado todos los aspectos de la misión, mientras que Rusia ya ha amenazado con tratar a las tropas extranjeras como objetivos militares.
El desafío es, por tanto, mayor que el de reunir una fuerza multinacional. Europa debe demostrar que puede sostener el despliegue, defender a su personal y responder a una nueva agresión rusa sin depender de una intervención militar estadounidense.
De las promesas políticas a los preparativos militares
Según el Ministerio de Defensa británico, el Ejercicio Koalicja contará con aproximadamente 2.800 militares. Francia aportará 1.500 efectivos, mientras que Reino Unido proporcionará 300 soldados junto con aviones de combate Typhoon de la RAF y capacidades de reabastecimiento en vuelo Voyager.
Bélgica, Estonia, Alemania, Lituania, Países Bajos, Polonia, España, Suecia y Turquía también participarán.
El ejercicio pondrá a prueba el movimiento de personal y equipos, los acuerdos de mando multinacional, el apoyo logístico y la protección de las fuerzas desplegadas. Turquía liderará los preparativos de un componente marítimo, incluidas operaciones de desminado destinadas a restablecer la navegación comercial en el mar Negro.
La fuerza multinacional, conocida como MNF-U, está comandada por el teniente general británico Tom Bateman y opera bajo un liderazgo conjunto británico-francés.
Su misión propuesta difiere del mantenimiento de la paz tradicional. El gobierno británico afirma explícitamente que la MNF-U no supervisaría un alto el fuego ni desempeñaría tareas convencionales de mantenimiento de la paz. En su lugar, ayudaría a reconstruir las fuerzas armadas de Ucrania, apoyaría la seguridad de su espacio aéreo y marítimo, y reforzaría su capacidad para resistir futuras agresiones.

Esta distinción es importante. En lugar de situar a soldados europeos entre dos ejércitos para supervisar un acuerdo, la coalición pretende reforzar las capacidades militares de Ucrania manteniendo a la vez una presencia que podría disuadir a Rusia de reanudar las hostilidades.
Sin embargo, esa presencia conllevaría riesgos propios.
Funcionarios occidentales dijeron a The Guardian que las tropas europeas tendrían permiso para defenderse de ataques rusos, incluidos ataques con drones. Sus operaciones seguirían siendo defensivas, y se prevé que las tropas estén estacionadas lejos de la línea del frente.
Pero la distancia al frente no garantizaría necesariamente la seguridad. Rusia ha demostrado repetidamente su capacidad para atacar objetivos en lo profundo de Ucrania.
Si un misil o un dron ruso alcanzara una instalación militar europea, la coalición tendría que decidir de inmediato la escala y la naturaleza de su respuesta.
Europa no está unida sobre hasta dónde llegar
Aunque Reino Unido y Francia lideran la iniciativa, los gobiernos participantes tienen opiniones distintas sobre los riesgos militares que están dispuestos a aceptar.
Según la cobertura de Le Monde sobre los preparativos, Francia apoya el despliegue de tropas dentro de Ucrania, mientras que Reino Unido pone un énfasis considerable en el apoyo aéreo y Alemania favorece un enfoque más cauteloso con fuerzas estacionadas en países vecinos.
Polonia ofrece otro ejemplo de la división de responsabilidades de la coalición.
En una declaración del 3 de noviembre, el Ministerio de Defensa de Polonia confirmó que el país proporcionaría apoyo logístico y de infraestructura, pero no desplegaría sus propios soldados en Ucrania.
Polonia desempeñaría, no obstante, un papel central en el transporte y el suministro de las fuerzas aliadas. Su territorio serviría como puerta logística para cualquier despliegue futuro.
Estonia ha adoptado una posición más decidida respecto a la preparación para la futura seguridad de Ucrania. Su Ministerio de Defensa confirmó que una unidad del tamaño de una compañía participaría en el Ejercicio Koalicja, subrayando la necesidad de preparar garantías de seguridad pese a la continua negativa de Rusia a poner fin a su agresión.
Estas diferencias no hacen necesariamente inviable la coalición. Las operaciones multinacionales suelen distribuir responsabilidades entre unidades de combate, logística, inteligencia y fuerzas de apoyo.
La cuestión más difícil es si los gobiernos participantes aceptarían el mismo nivel de riesgo si las fuerzas rusas atacaran la misión.
Una investigación realizada por el Instituto Noruego de Asuntos Internacionales (NUPI) examina precisamente estas cuestiones. Su Coalition of the Willing Tracker evalúa la voluntad política y las capacidades militares de 16 países participantes, incluidas sus restricciones nacionales y sus posibles contribuciones.
La investigación destaca la importancia de distinguir el apoyo político a Ucrania de la disposición de un gobierno a exponer a su propio personal militar a un posible combate.
Un país puede apoyar la misión financieramente, proporcionar aviones de transporte o participar en la planificación sin aceptar desplegar soldados dentro de Ucrania.
Para la coalición, esto crea un problema que no puede resolverse solo con ejercicios militares: una fuerza multinacional necesita no solo equipos y personal, sino también un acuerdo político sobre cuándo y cómo usará la fuerza.
El problema de Starlink expone la dependencia europea de Estados Unidos
Quizá el aspecto más revelador de los planes en ciernes sea el esfuerzo por evitar la dependencia de la tecnología estadounidense.
Funcionarios occidentales dijeron a The Guardian que la fuerza propuesta no dependería de sistemas estadounidenses como Starlink. No se trata de una prohibición formal del uso del servicio, sino de un intento deliberado de garantizar que la misión pueda funcionar sin él.
La preocupación no es teórica.
El 14 de octubre, funcionarios ucranianos informaron de restricciones inesperadas que afectaban a Starshield, la variante militar de la tecnología de comunicaciones por satélite de SpaceX.
Según un análisis del 2 de noviembre del Center for Strategic and International Studies, las restricciones interrumpieron las comunicaciones con los drones ucranianos. El servicio normal se restableció posteriormente, pero el incidente demostró cómo las decisiones que afectan a tecnología operada por empresas privadas podrían influir en las operaciones militares.
Los investigadores del CSIS Clayton Swope, Lauryn Williams y Alexei Hoffman identificaron una vulnerabilidad estratégica más amplia: los gobiernos que dependen de tecnología comercial extranjera para su defensa nacional pueden tener una influencia limitada sobre si esa tecnología sigue estando disponible.
Para Europa, las implicaciones van más allá de Starlink.
Las comunicaciones por satélite, la recopilación de inteligencia, la vigilancia, el reconocimiento y los sistemas de mando sofisticados son esenciales para las operaciones militares modernas. Las fuerzas europeas poseen capacidades sustanciales en estas áreas, pero sustituir el apoyo estadounidense en toda una operación multinacional sería considerablemente más difícil.
Las alternativas europeas, incluidas OneWeb y las iniciativas gubernamentales de comunicaciones por satélite, podrían reducir algunas dependencias. Todavía no constituyen un sustituto completo para todas las capacidades asociadas a los sistemas estadounidenses.
Esto crea una contradicción incómoda.
Europa quiere demostrar que puede proteger a Ucrania con independencia de Washington. Sin embargo, reducir la dependencia de la tecnología estadounidense podría hacer que un despliegue militar europeo fuera más complicado, costoso y potencialmente menos eficaz.
La cuestión es especialmente significativa porque el presidente Donald Trump ha descartado comprometer tropas estadounidenses en una futura misión de mantenimiento de la paz en Ucrania, según The Guardian.
Incluso sin soldados estadounidenses sobre el terreno, los gobiernos europeos tendrían que decidir si buscan inteligencia, vigilancia u otras formas de apoyo indirecto de EE. UU.
Una operación llevada a cabo fuera del mando de la OTAN no eliminaría automáticamente su dependencia de las capacidades estadounidenses.
¿Cuántas tropas serían realmente suficientes?
El tamaño de la fuerza propuesta es otra cuestión sin resolver.
Le Monde ha informado de conversaciones sobre un posible despliegue de hasta 20.000 efectivos de hasta 24 países. Esas cifras siguen formando parte de la planificación y no de un compromiso aprobado.
Una evaluación anterior del International Institute for Strategic Studies examinó tres modelos posibles.
El más pequeño implicaba aproximadamente 10.000 tropas terrestres, apoyadas por limitados medios aéreos y marítimos. Una fuerza de tamaño medio comprendería alrededor de 25.000 efectivos terrestres, mientras que una operación mayor podría requerir entre 60.000 y 100.000.
Cada modelo presenta un equilibrio diferente entre disuasión y exigencias operativas.
Una fuerza relativamente pequeña podría desplegarse y mantenerse con mayor facilidad, pero su capacidad para resistir un ataque ruso importante sería limitada. Su principal elemento disuasorio serían las consecuencias políticas de atacar a soldados europeos.
Una fuerza mayor ofrecería una credibilidad militar superior, pero requeriría un amplio apoyo logístico, equipos, capacidades de inteligencia y rotaciones regulares de tropas.
La evaluación del IISS también identificó carencias europeas en áreas como la inteligencia estratégica, la ingeniería de combate, la artillería de cohetes y la supresión de las defensas aéreas enemigas.
Estas limitaciones serían más significativas sin una garantía de seguridad estadounidense.
La cuestión central no es, por tanto, simplemente cuántas tropas europeas podrían desplegarse, sino qué se esperaría que lograran esas tropas.
Una misión destinada principalmente a entrenar a las fuerzas ucranianas requiere una estructura diferente de la de otra que se espere que resista una gran ofensiva rusa.
Intentar lograr ambos objetivos sin recursos suficientes podría socavar la credibilidad de toda la operación.
Moscú ya ha amenazado la misión
Rusia ha dejado claro que se opone a la presencia de fuerzas militares europeas en Ucrania, incluso después de un posible acuerdo de paz.
El 15 de julio, la portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores ruso, Maria Zakharova, advirtió de que Moscú consideraría objetivos militares legítimos a las fuerzas multinacionales desplegadas por los aliados de Ucrania.
La declaración, informada por Reuters, se produjo después de que los gobiernos occidentales renovaran sus compromisos de preparar una presencia de seguridad multinacional.
La posición de Rusia introduce una incertidumbre importante en la planificación europea.
La coalición pretende desplegarse solo después de que hayan cesado las hostilidades, pero Moscú no ha aceptado la legitimidad de esa fuerza.
Un alto el fuego no eliminaría, por tanto, necesariamente el riesgo de confrontación.
Las fuerzas rusas podrían intentar poner a prueba la misión mediante incursiones de drones, ataques limitados u otras provocaciones militares. Se trata de escenarios posibles, no de planes operativos rusos confirmados.
La coalición tendría entonces que determinar si su respuesta debería limitarse a la autodefensa inmediata o incluir medidas adicionales para evitar ataques repetidos.
La distinción es crucial porque la MNF-U operaría fuera de la estructura de mando formal de la OTAN.
Un ataque contra tropas europeas en Ucrania no activaría automáticamente el mecanismo de defensa colectiva del artículo 5 de la OTAN. La respuesta dependería de los países implicados, de sus decisiones políticas y de los acuerdos que rijan la misión.
Esa incertidumbre podría debilitar la disuasión si Moscú concluyera que los gobiernos europeos no están dispuestos a escalar.
Por el contrario, unas reglas de enfrentamiento claramente establecidas y una respuesta militar creíble podrían hacer que los ataques contra la fuerza resultaran considerablemente más costosos.
Tres futuros posibles para la misión europea en Ucrania
El primer escenario es que un alto el fuego cree las condiciones para el despliegue y las fuerzas europeas establezcan una presencia sostenida en Ucrania.
En este marco, la coalición podría apoyar el entrenamiento militar, reforzar las capacidades de defensa aérea y contribuir a restablecer la seguridad marítima. Su presencia elevaría los costos políticos y militares de una nueva agresión rusa.
Un segundo escenario implica un despliegue limitado seguido de intentos rusos de poner a prueba la disposición de la coalición a defenderse.
Incluso un ataque relativamente pequeño podría poner de manifiesto desacuerdos entre los gobiernos participantes. Algunos podrían favorecer una respuesta militar rápida, mientras que otros podrían tratar de contener el incidente por la vía diplomática.
El tercer escenario es que la misión permanezca en preparación indefinidamente.
Las negociaciones podrían no lograr un alto el fuego duradero, o los gobiernos europeos podrían tener dificultades para acordar compromisos de tropas, financiación y riesgos aceptables.
La política interna añade otra complicación. Como informó Associated Press el 3 de noviembre, las elecciones presidenciales francesas de 2027 podrían afectar al futuro de la iniciativa, especialmente si las fuerzas políticas opuestas al despliegue militar ganan influencia.
Para Reino Unido y Francia, el desafío es construir un acuerdo militar que pueda sobrevivir a cambios de gobierno y también a cambios en el campo de batalla.
La seguridad de Ucrania se convierte en una prueba de la autonomía estratégica europea
La misión propuesta también tiene implicaciones más allá de la seguridad militar inmediata de Ucrania.
La planificación británica incluye el uso de aviones de combate para ayudar a crear las condiciones para la eventual reapertura de la aviación comercial. El componente marítimo turco se centraría en el desminado y el restablecimiento de las rutas marítimas.
Estas actividades podrían apoyar la recuperación económica de Ucrania reduciendo los riesgos para el comercio, el transporte y la inversión.
Pero ninguno de esos resultados está garantizado por el despliegue en sí. Reabrir aeropuertos y ampliar el comercio marítimo requeriría una mejora sostenida de la seguridad, no solo la presencia de tropas extranjeras.
Para los gobiernos europeos, la importancia más amplia radica en la capacidad de organizar y sostener una gran operación de seguridad sin un liderazgo estadounidense directo.
La Coalición de los Dispuestos ofrece un marco para hacerlo fuera de los acuerdos formales de mando de la OTAN. Esa flexibilidad podría ayudar a los países a actuar pese a los desacuerdos dentro de la alianza en general.
Sin embargo, operar de forma independiente también significa asumir responsabilidades que Europa ha compartido históricamente con Washington.
El Ejercicio Koalicja será una primera prueba de si los ejércitos europeos pueden coordinar sus estructuras de mando, comunicaciones y logística. No puede determinar si sus gobiernos aceptarán en última instancia las consecuencias políticas de desplegar tropas en un país que Rusia sigue amenazando.
La posibilidad de que soldados europeos respondan al fuego contra fuerzas rusas ilustra hasta qué punto el debate se ha alejado de las primeras etapas de la guerra.
La cuestión más trascendente es si Europa puede construir una fuerza cuya presencia haga que ese intercambio sea menos probable desde el principio.
Eso dependerá no solo de la preparación militar, sino también de compromisos políticos sostenidos, tecnología fiable y un acuerdo entre las capitales europeas sobre qué están dispuestas a defender.
Fuentes: The Guardian, Ministerio de Defensa británico, Le Monde, Ministerio de Defensa Nacional de Polonia, Ministerio de Defensa de Estonia, CSIS, NUPI, Reuters, Associated Press
