Pico del 'Godzilla' El Niño 2026: qué significa la ola de calor récord del Pacífico para el invierno europeo

El Niño 2026 alcanzará su pico en diciembre, con un índice Niño 3.4 previsto de +3,7 °C. Qué implica para el invierno europeo, las cosechas y el agua.
No se prevé que este evento remita rápidamente.
La Organización Meteorológica Mundial asigna una probabilidad cercana al 100 % de que las condiciones de El Niño persistan hasta febrero de 2027, con un pico en diciembre antes de disiparse hacia la primavera de 2027.
Lo que documentan los oceanógrafos y los científicos del clima es la liberación de vastas reservas térmicas desde el interior del océano hacia una atmósfera ya alterada por las emisiones de gases de efecto invernadero, lo que genera una tensión medible en toda la infraestructura meteorológica internacional.
Qué ocurre bajo el Pacífico
El mecanismo físico que impulsa las actuales alteraciones atmosféricas se basa en el movimiento del calor almacenado bajo la superficie del océano.
El Niño no genera calor planetario neto; más bien funciona como una válvula termodinámica natural que libera hacia la atmósfera la energía térmica acumulada durante años en las aguas subsuperficiales.
"El Niño doesn't add new heat to the planet. It releases heat the ocean has already been storing beneath the surface—which is why a strong event so often becomes one of the hottest years measured," explained World Meteorological Organization Secretary-General Celeste Saulo during the Global Heat Forum in Bangkok. "The ocean it's drawing from is the warmest we've ever measured it. There is simply more heat available to release."
Esta liberación de energía coincide con temperaturas globales de base elevadas.
Las emisiones de origen humano han establecido una temperatura media global de la superficie de entre 1,3 °C y 1,4 °C por encima de los niveles preindustriales. Según los informes mensuales del Servicio de Cambio Climático Copernicus de la Unión Europea, la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) y la NASA, agosto de 2026 empató con julio de 2023 como el mes más caluroso jamás registrado, al alcanzar una temperatura media global del aire en superficie de 16,96 °C. Las temperaturas globales de la superficie del océano también alcanzaron ese mismo mes su máximo histórico observado.
Investigaciones recientes revelan que el calentamiento atmosférico de base modifica activamente las oscilaciones climáticas naturales, lo que hace que los episodios de El Niño sean aproximadamente un 36 % más fuertes que en la era preindustrial.
El evento actual comenzó a formarse a principios de 2026 debido al almacenamiento de calor en el océano subsuperficial y al debilitamiento de los vientos alisios de niveles bajos. La confirmación oficial de la OMM llegó en junio de 2026, cuando el índice Niño 3.4 alcanzó +1,6 °C por encima de lo normal, antes de avanzar a +2,5 °C en agosto y de ascender hacia el pico previsto de +3,7 °C para el último trimestre del año.
Todo esto ha llevado la modelización climática predictiva hasta sus límites.
Cuando los meteorólogos ejecutaron sus modelos por primera vez a comienzos de la primavera, los resultados parecían casi improbables.
"When we first were predicting this back in March and April, it really was a prediction—it wasn't actually happening. Our models told us this big El Niño was coming," stated Tim Stockdale, principal scientist at the European Centre for Medium-Range Weather Forecasts. "When we got to June, the models were pointing to a record El Niño. Now, as we speak, the El Niño is here. The temperatures in the middle of the Pacific are warmer than they have ever been before. They are breaking the records by quite a big margin."
Stockdale destacó la naturaleza extraordinaria del estado oceánico actual: "It's as big an El Niño as we've ever had. But then it's happening on top of global warming. Looking at the Tropics, the patterns of sea surface temperatures—I've never seen anything like it. We know the tropical oceans drive the world's weather and we've never seen them in this state before."
De América Latina a Asia: cosechas perdidas y ríos secos
Las realineaciones atmosféricas provocadas por el calentamiento de la superficie del Pacífico están alterando los patrones globales de precipitación. Las proyecciones de conjuntos multimodelo coordinadas por la OMM identifican regiones concretas donde aumentarán las lluvias junto a amplias zonas con un grave déficit hídrico.
Se prevén precipitaciones estacionales por encima de lo normal en el Pacífico ecuatorial central y oriental al este de la Línea Internacional de Cambio de Fecha, el Gran Cuerno de África, partes de Asia Central, la costa de Asia Oriental, el norte de la península arábiga, América del Norte al sur de los 45 °N y el sureste de América del Sur.
En contraste, se proyectan señales de sequedad y condiciones de sequía sobre el Pacífico occidental, el Atlántico ecuatorial, el subcontinente indio, el sur de América Central, el Caribe, el noroeste de América del Sur, Indonesia y Australia.
Estos cambios en las precipitaciones afectan directamente a la producción agrícola y a los sistemas regionales de gestión del agua.
Una investigación del Instituto IHE Delft para la Educación en Agua indica que los principales cultivos básicos importados por los mercados europeos se enfrentan a un riesgo significativo. En América Central, en particular en zonas agrícolas frágiles de Nicaragua, se prevé que el fracaso de cultivos básicos de secano como el maíz y el frijol provoque inseguridad alimentaria local y pérdidas directas de ingresos para los productores.
En el norte de América del Sur y el sur de Asia, el estrés hídrico amenaza los sistemas de agricultura de regadío.
Los bajos caudales fluviales y la reducción de las lluvias en Colombia, el noreste de Brasil y la India están obligando a las explotaciones agrícolas a aceptar severas restricciones en la asignación de agua o a depender en exceso de las reservas de agua subterránea. Los hidrólogos advierten de que una mayor dependencia de los acuíferos subterráneos entraña el riesgo de una rápida sobreexplotación localizada, que a su vez amenaza los volúmenes de exportación de productos clave como el arroz y el café.
La alteración física de los rendimientos agrícolas y del suministro de agua conlleva consecuencias sanitarias cuantificables a escala mundial. Un modelo epidemiológico de investigadores del Climate Impact Lab de la Universidad de Chicago proyecta que el actual episodio de El Niño podría provocar hasta 451.000 muertes en exceso en todo el mundo entre junio de 2026 y febrero de 2027, impulsadas por el calor extremo, la escasez de agua y graves perturbaciones en el suministro local de alimentos.
La amenaza para el invierno europeo
Aunque los impactos hidrometeorológicos más directos de El Niño se producen en las zonas tropicales, las teleconexiones atmosféricas extienden estas perturbaciones a regiones de latitudes altas, incluida Europa y el Reino Unido.
La previsión meteorológica a corto plazo para el norte de Europa apunta a un invierno claramente dividido en dos fases.
Se espera que la fase inicial, durante el final del otoño y el comienzo del invierno, traiga condiciones más suaves, húmedas y ventosas en toda Europa Occidental. Tim Stockdale señaló que este patrón meteorológico podría aportar beneficios localizados al sur de Inglaterra al recargar los mermados acuíferos tras un periodo prolongado de sequía, al tiempo que aumentaría la producción de electricidad de origen eólico en las redes energéticas regionales.
Sin embargo, los datos históricos y la física atmosférica indican que los episodios fuertes de calentamiento del Pacífico, en la fase tardía del ciclo invernal, debilitan con frecuencia el vórtice polar, el sistema estratosférico de bajas presiones que mantiene el aire frío del Ártico atrapado en las latitudes altas.
Una perturbación o ruptura del vórtice polar aumenta significativamente la probabilidad de episodios severos de frío a mediados y finales del invierno y de grandes sistemas de tormentas en el norte de Europa.
Gran Bretaña ya ha visto este patrón antes.
Durante el último gran El Niño, en el invierno de 2015-2016, cuando el índice Niño 3.4 alcanzó un máximo de +2,6 °C, la tormenta Desmond azotó el norte de Inglaterra con lluvias récord, dejando graves daños en infraestructuras y causando una víctima mortal en Londres. Meses después, en la Pascua de 2016, la tormenta Katie trajo vientos extremos al sur de Inglaterra, dañando tejados residenciales y doblando una gran grúa de construcción en Greenwich.
Departamentos gubernamentales y operadores de infraestructuras del Reino Unido han advertido de que el evento actual podría alterar las cadenas de suministro de los consumidores. El Gobierno británico advirtió de que las cosechas alteradas en los países exportadores elevarán previsiblemente los precios minoristas internos de los alimentos importados, en particular el arroz y el café, mientras que los cambios simultáneos en las temperaturas invernales amenazan con disparar las facturas domésticas de calefacción.
Los límites de la previsión climática
El seguimiento y la respuesta al El Niño de 2026 se apoyan en la arquitectura científica internacional establecida en el marco de las Naciones Unidas. Los modelos predictivos se actualizan mensualmente dentro de la Actualización Climática Estacional Global de la OMM, que integra observaciones satelitales y datos de boyas oceánicas con mediciones de radiosondas gestionadas por 13 centros especializados de todo el mundo.
La coordinación interinstitucional se realiza a través del Mecanismo de Coordinación de la OMM, que entrega actualizaciones climáticas directamente a organizaciones humanitarias, organismos de gestión de desastres y servicios meteorológicos nacionales.
A principios de octubre de 2026, expertos internacionales en clima, meteorólogos y responsables de salud pública se reunieron en el Global Heat Forum de Bangkok —copatrocinado por la OMM— para examinar estrategias de adaptación y marcos de gestión de riesgos frente a los extremos de calor.
Al mismo tiempo, otras cuencas oceánicas muestran impulsores climáticos activos que interactúan con la señal del Pacífico.
Según la Actualización Climática Estacional Global de la OMM, se prevé que un Dipolo del Océano Índico positivo —un patrón climático que influye fuertemente en las lluvias regionales de todo el borde del océano Índico— alcance su máximo en octubre, en torno a +0,5 °C, antes de disminuir. Entretanto, se prevé que las temperaturas de la superficie del mar en toda la cuenca del Atlántico ecuatorial se mantengan de forma constante por encima de lo normal durante el último trimestre de 2026.
Fuentes: World Meteorological Organizatio, Euronews, Independent, London Evening Standart
