Tropas europeas podrían responder al fuego de las fuerzas rusas en Ucrania

El Reino Unido, Francia y sus socios europeos planean una fuerza multinacional para Ucrania que podría responder al fuego ruso y operar sin sistemas militares estadounidenses.
Las tropas británicas y de otros países europeos desplegadas en Ucrania tras un posible alto el fuego estarían autorizadas a responder al fuego si son atacadas por fuerzas rusas, según los planes que están elaborando el Reino Unido, Francia y sus socios europeos. La propuesta de fuerza multinacional de estabilización estaría diseñada para proteger a su personal frente a agresiones, al tiempo que apoyaría la seguridad y la recuperación militar de Ucrania tras el fin de las hostilidades. Funcionarios occidentales han subrayado que cualquier enfrentamiento con fuerzas rusas sería defensivo y no formaría parte de una operación militar ofensiva.
Los planes se conocieron mientras Londres y París anunciaban los preparativos del Ejercicio Koalicja, unas maniobras militares multinacionales previstas en Polonia para finales de noviembre. El ejercicio reunirá a aproximadamente 2.800 militares de 11 países para ensayar el despliegue rápido de una fuerza europea en Ucrania si se alcanza un alto el fuego. Se espera que Francia aporte 1.500 efectivos de su 1.ª División, mientras que el Reino Unido proporcionará 300 miembros del personal de la 7.ª Brigada Mecanizada Ligera del Ejército británico.
Entre los países participantes figuran el Reino Unido, Francia, Polonia, Alemania, Bélgica, Estonia, Lituania, los Países Bajos, España, Suecia y Turquía. El ejercicio pondrá a prueba la capacidad de estas fuerzas militares para coordinar operaciones por tierra, mar y aire, incluidos la logística, la protección de la fuerza y el movimiento de personal y equipos. Los planes de despliegue llevan más de un año en desarrollo, aunque una misión real sigue condicionada a un acuerdo que ponga fin a la guerra.
El teniente general Tom Bateman, comandante de la propuesta Fuerza Multinacional-Ucrania (MNF-U), afirmó que los países participantes estaban comprometidos a proporcionar garantías de seguridad sólidas y vinculantes para Ucrania tras el cese de las hostilidades. La fuerza tendría como objetivo demostrar que los países europeos podían movilizarse y operar juntos rápidamente en apoyo de la seguridad a largo plazo de Ucrania.
Las reglas de enfrentamiento elevan la apuesta de una presencia europea
Aunque la fuerza propuesta estaría estacionada lejos de la línea del frente, sus reglas de enfrentamiento permitirían al personal europeo defenderse de ataques rusos, incluidos ataques con drones. Esto crea la posibilidad de enfrentamientos armados directos entre las fuerzas rusas y las tropas de países europeos, incluso si la misión se limita formalmente a actividades defensivas.
La experiencia del anterior período de alto el fuego en el este de Ucrania entre 2014 y 2022 sigue siendo relevante para estos preparativos. Las violaciones reiteradas, los ataques localizados y las provocaciones militares demostraron lo difícil que puede ser mantener un cese de hostilidades estable sin mecanismos de aplicación creíbles. Los planificadores europeos se enfrentan, por tanto, al reto de establecer reglas que protejan al personal desplegado sin permitir que incidentes individuales desencadenen un enfrentamiento militar más amplio.
Rusia ha rechazado repetidamente la posibilidad de que se estacione personal militar occidental en Ucrania, y Vladímir Putin advirtió anteriormente que las tropas extranjeras constituirían objetivos legítimos. La posición de Moscú plantea dudas sobre si un despliegue europeo podría operar sin convertirse en blanco de operaciones militares o híbridas rusas.
La distinción entre acción defensiva y ofensiva será, por tanto, fundamental para la credibilidad de la misión. Los gobiernos europeos tendrán que establecer cómo se identifican los ataques contra su personal, quién autoriza las respuestas y cómo coordinan las decisiones los países participantes durante una crisis. La capacidad de responder a la agresión rusa podría reforzar el valor disuasorio de la fuerza, pero también expondría a los gobiernos participantes a las consecuencias políticas y militares de un enfrentamiento directo con Moscú.
Europa busca reducir su dependencia de los sistemas militares estadounidenses
Otro elemento importante de la misión propuesta es su prevista independencia de la tecnología militar estadounidense. Se espera que la fuerza multinacional opere casi enteramente con capacidades europeas, y los funcionarios confirman que no dependería de sistemas estadounidenses como la red de comunicaciones por satélite Starlink de SpaceX.
La decisión refleja la creciente preocupación de los gobiernos europeos por la fiabilidad del apoyo estadounidense a la seguridad europea. En octubre, Washington restringió temporalmente el acceso de Ucrania a Starshield, la versión militar de Starlink, durante aproximadamente diez días. La interrupción afectó a las operaciones ucranianas con drones de medio alcance y puso de relieve los riesgos operativos de depender de una infraestructura controlada por un proveedor externo.
Un funcionario occidental implicado en la planificación afirmó que la fuerza multinacional no dependía de sistemas estadounidenses. Este enfoque sugiere que los países europeos buscan garantizar que las comunicaciones y la coordinación operativa sigan funcionando incluso si Washington no está dispuesto o no puede prestar apoyo tecnológico.
La fuerza operaría fuera de las estructuras de la OTAN, pese a que la mayoría de los países participantes son miembros de la alianza. Esta distinción es especialmente significativa dado que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha descartado comprometer tropas estadounidenses en un despliegue de mantenimiento de la paz en Ucrania tras un posible alto el fuego. La ausencia de Washington en la fuerza propuesta otorga una mayor responsabilidad a los gobiernos europeos a la hora de proporcionar personal, equipos, estructuras de mando y apoyo logístico.
Sin embargo, la independencia operativa de la tecnología estadounidense no significa necesariamente una independencia estratégica completa respecto a Estados Unidos. La cooperación en materia de inteligencia, los suministros militares y las garantías de seguridad más amplias seguirán siendo elementos importantes de cualquier acuerdo de posguerra sostenible. El grado en que los países europeos puedan mantener una misión eficaz sin la asistencia estadounidense dependerá de su capacidad para coordinar estas capacidades de forma independiente.
Reconstrucción militar y reapertura del espacio aéreo de Ucrania
La misión propuesta iría más allá de la protección del personal europeo. Uno de sus principales objetivos sería ayudar a regenerar y reforzar las fuerzas armadas de Ucrania después de la guerra, proporcionando apoyo logístico, equipos y conocimientos técnicos en materia de formación. El personal militar europeo trabajaría junto a las fuerzas ucranianas para mejorar la interoperabilidad y reforzar su capacidad de disuadir futuras agresiones rusas.
El acuerdo también podría aportar beneficios a las fuerzas militares europeas. Ucrania ha acumulado una amplia experiencia en la guerra moderna, en particular en operaciones con drones, guerra electrónica, defensa aérea y la integración de tecnologías en rápida evolución en las operaciones de campo de batalla. La cooperación con las fuerzas ucranianas daría a las fuerzas militares europeas acceso a lecciones prácticas de un conflicto que ha cambiado fundamentalmente la planificación militar en todo el continente.
Las operaciones aéreas son otro componente de los acuerdos de seguridad propuestos. Se espera que aviones de combate europeos realicen patrullas destinadas a ayudar a reabrir el espacio aéreo comercial de Ucrania y restaurar la aviación civil. Los aeropuertos ucranianos han permanecido cerrados al tráfico comercial desde que Rusia lanzó su invasión a gran escala en febrero de 2022.
En el mar, se espera que Turquía lidere una operación de desminado en el mar Negro para mejorar la seguridad marítima y facilitar la restauración del transporte comercial. La reapertura de las rutas marítimas sería importante para las exportaciones de grano de Ucrania y el comercio internacional en general, al tiempo que reduciría los riesgos que afrontan los buques comerciales que operan en la región.
Estos elementos indican que la fuerza prevista está destinada a contribuir a un marco de seguridad de posguerra más amplio, y no simplemente a mantener una presencia militar. La combinación de reconstrucción militar, protección del espacio aéreo y seguridad marítima vincularía la recuperación de Ucrania con los intereses económicos y de seguridad más amplios de los países europeos.
Un despliegue que sigue dependiendo de un acuerdo político
A pesar del creciente nivel de preparación militar, el despliegue sigue siendo hipotético. Rusia y Ucrania no han alcanzado un acuerdo para poner fin a las hostilidades, y los esfuerzos diplomáticos han producido hasta ahora avances limitados. Los continuos ataques contra infraestructuras energéticas y otros objetivos demuestran que la situación militar sigue activa.
Estados Unidos prepara otra ronda de contactos diplomáticos con representantes ucranianos y rusos, con conversaciones previstas en Abu Dabi. Washington también consulta a los gobiernos europeos y a representantes de la OTAN sobre las garantías de seguridad para Ucrania y la arquitectura de seguridad de posguerra del continente. Sin embargo, siguen sin resolverse importantes desacuerdos entre Kiev y Moscú.
Para los gobiernos europeos, preparar una fuerza multinacional antes de que se alcance un alto el fuego cumple dos propósitos. Permite a los planificadores militares abordar por anticipado las dificultades logísticas y operativas, al tiempo que envía la señal de que Ucrania no quedaría sin apoyo internacional en materia de seguridad si se alcanzara un acuerdo. Al mismo tiempo, el ejercicio pone a prueba si los países europeos pueden traducir los compromisos políticos en una capacidad militar operativa sin depender de la participación directa estadounidense.
La incertidumbre central es si una fuerza de este tipo sería capaz de disuadir a Rusia en lugar de limitarse a responder a los ataques después de que se produzcan. Su eficacia dependería de la claridad de su mandato, de la disposición de los gobiernos participantes a defender a su personal y de la capacidad de mantener una respuesta coordinada a la presión militar rusa.
No obstante, los preparativos representan un paso significativo en los esfuerzos de Europa por asumir una mayor responsabilidad en la seguridad de posguerra de Ucrania. Al planificar una fuerza capaz de defenderse de los ataques rusos y de operar con independencia de los sistemas militares estadounidenses, el Reino Unido y Francia intentan establecer un marco en el que los compromisos europeos de seguridad puedan respaldarse con una presencia militar creíble.
Fuentes: The Guardian, Ministerio de Defensa del Reino Unido
