Carrera por el Senado en Michigan: cómo las divisiones demócratas por Israel amenazan el control del Congreso de EE. UU.

Elise Aranda
Publicado 30 de octubre de 2026 · 7 visitas
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Carrera por el Senado en Michigan: cómo las divisiones demócratas por Israel amenazan el control del Congreso de EE. UU.
Editorial Collage

Las divisiones demócratas por Israel en Michigan amenazan el control del Congreso: El-Sayed y Stevens buscan la unidad mientras Rogers aprovecha el descontento.

Stevens ha respaldado a El-Sayed y afirma que votará por él. Su prometido ha elegido públicamente a Rogers.

Esa distinción resume buena parte de la dificultad que enfrentan los demócratas en Michigan. Los líderes del partido pueden haber aceptado el resultado de las primarias, pero algunos de sus votantes siguen sin convencerse.

La lucha de las primarias ha seguido a El-Sayed hasta noviembre

El-Sayed derrotó por estrecho margen a Stevens el 4 de agosto tras un combate encarnizado en el que se gastaron casi 60 millones de dólares en publicidad negativa contra él. La mitad de esa cantidad provino del Comité de Asuntos Públicos Israelí-Estadounidense, o AIPAC.

La magnitud del gasto convirtió las primarias en una confrontación inusualmente costosa entre facciones rivales del Partido Demócrata. El-Sayed, un progresista que busca convertirse en el primer senador musulmán de EE. UU., salió victorioso. Stevens, una moderada que representa un distrito suburbano de Detroit con una población judía considerable, conservó una influencia política importante entre votantes cuyo apoyo ahora necesita.

Sus diferencias nunca se limitaron a la política interna. Israel se convirtió en una fuente importante de desacuerdo, atrayendo a organizaciones externas a la campaña y dejando al eventual candidato con un problema que una victoria en las primarias no podía resolver.

La última disputa pública llegó el miércoles, cuando Jason Turkish, prometido de Stevens, anunció que tenía la intención de votar por Rogers.

Stevens apareció en CNN horas después para dejar claro que apoyaría a El-Sayed. Pero su respaldo vino con una advertencia. Quería que su campaña confrontara más directamente la retórica de odio y garantizara que los votantes judíos y negros, incluidos quienes la habían apoyado, se sintieran cómodos acudiendo a las urnas.

Sus comentarios colocaron parte de la responsabilidad de la reconciliación en El-Sayed, en lugar de tratar la unidad demócrata como una obligación que los votantes debieran aceptar automáticamente.

El-Sayed ha ofrecido un énfasis distinto. Preguntado sobre la demora en hacer campaña junto a Stevens, señaló dificultades de agenda. También criticó a un periodista por centrarse en la política interna demócrata cuando los estadounidenses enfrentaban dificultades con el costo de vida.

Es un argumento de campaña comprensible. El-Sayed preferiría enfrentarse a Rogers por las finanzas familiares antes que seguir debatiendo controversias de agosto.

Pero la intervención de Stevens indica que el desacuerdo no se trata meramente de los temas que los demócratas eligen discutir. Se trata de si algunos votantes creen que sus objeciones han sido debidamente atendidas.

Por qué Israel sigue regresando a la campaña

Dos controversias publicitarias han dificultado esa tarea.

Rebellion PAC produjo un anuncio que vinculaba el apoyo estadounidense a Israel con el aumento de los precios de los comestibles. El-Sayed dijo que el anuncio no tenía relación con su campaña. Stevens y otros demócratas, no obstante, le presionaron para que lo condenara con más firmeza.

La disputa expuso los límites de la capacidad de un candidato para separar sus propias posiciones de los mensajes difundidos por grupos externos.

Hay una distinción entre aprobar un anuncio y estar asociado con el argumento político que promueve. Para los votantes que ya desconfiaban de la posición de El-Sayed sobre Israel, su rechazo de responsabilidad no respondía necesariamente a la preocupación de fondo.

Otro anuncio de la campaña de El-Sayed que incluía elogios del ex presentador de Fox News Tucker Carlson también provocó críticas. El rabino Aaron Starr, de la Congregación Shaarey Zedek, estuvo entre las figuras de la comunidad judía que objetaron.

Ninguno de los episodios puede evaluarse aislado de las primarias. Tras meses de campaña en los que Israel y la influencia de AIPAC fueron temas prominentes, el electorado ya estaba dividido sobre cómo interpretar las alianzas políticas y los mensajes del candidato.

Las controversias también revelan una característica incómoda de las campañas estadounidenses modernas. El gasto externo puede ayudar a establecer los términos de un argumento político mucho después de que las organizaciones involucradas hayan dejado de ser el foco inmediato de la contienda.

El gasto de 30 millones de dólares de AIPAC no impidió que El-Sayed ganara la nominación demócrata. Sería prematuro afirmar que alteró permanentemente el electorado de Michigan o las redes de donantes. Sin embargo, las divisiones asociadas con esa campaña siguen visibles en la última semana de la elección general.

Para los demócratas, la pregunta inmediata es si esas divisiones influirán en el comportamiento electoral.

Algunos partidarios de Stevens podrían votar por El-Sayed a regañadientes. Otros podrían abstenerse. Un número menor podría cruzar las líneas partidarias. Las encuestas disponibles no establecen cuántos votantes caen en cada categoría.

En una contienda separada por solo unos pocos puntos porcentuales, sin embargo, incluso deserciones limitadas podrían importar.

Rogers está aprovechando al máximo el descontento demócrata

Mike Rogers ha pasado los últimos días de la campaña reforzando sus vínculos con el liderazgo nacional del Partido Republicano.

El ex congresista apareció junto a Donald Trump en un mitin en Port Huron el domingo. El miércoles, se unió al senador de Texas Ted Cruz en un evento de la Coalición Judía Republicana en Birmingham, Michigan.

La elección de las apariciones fue políticamente útil. Trump sigue siendo central para la campaña de Rogers, mientras que el evento de Birmingham dio al candidato republicano una plataforma desde la cual apelar a votantes preocupados por las divisiones demócratas sobre Israel.

Rogers también puede presentarse como un conservador de seguridad nacional, una identidad que lo distingue de la política progresista de El-Sayed.

Trump, mientras tanto, ha adoptado un enfoque más confrontacional. Ha atacado repetidamente la fe musulmana de El-Sayed, llamándolo "jihadist" y afirmando que apoya a terroristas.

Esos ataques llevan la religión directamente a una elección ya marcada por argumentos sobre identidad y política exterior.

Para El-Sayed, crean dos exigencias simultáneas. Debe responder a los ataques dirigidos a su fe y, al mismo tiempo, tranquilizar a los votantes judíos que han expresado preocupaciones sobre aspectos de su campaña.

Rogers enfrenta menos complicaciones políticas internas en los últimos días. Su campaña ha podido concentrarse en la movilización republicana y el acercamiento a demócratas potencialmente insatisfechos, mientras El-Sayed sigue gestionando desacuerdos dentro de su propio partido.

Eso no garantiza una victoria republicana. El-Sayed mantiene una estrecha ventaja en las encuestas, y no hay evidencia de que las recientes controversias hayan producido un giro decisivo hacia Rogers.

La dificultad para los demócratas es que Rogers no necesita que un gran número de votantes abandone su partido. Podría beneficiarse simplemente si suficientes de ellos deciden no votar.

Detroit se convierte en el centro de la batalla por la participación

El evento del domingo tendrá lugar en una iglesia de Detroit, con el representante de Carolina del Sur Jim Clyburn acompañando a El-Sayed y Stevens.

La participación de Clyburn pretende fortalecer el acercamiento a los votantes negros, una parte crucial del electorado demócrata en el condado de Wayne.

La ubicación es significativa por otra razón. Detroit ofrece a los demócratas la oportunidad de alejar la campaña de las disputas entre figuras del partido y acercarla a los votantes cuya participación podría determinar el resultado.

Ambas campañas han estado activas en el condado de Wayne.

Rogers ha realizado labores de acercamiento local, incluida una visita a una escuela y un evento anterior de distribución de tarjetas de gasolina. Este último atrajo críticas de residentes, incluida la jubilada Ruby Farmer, quien expresó preocupaciones sobre los recortes de Medicaid que afectan a su familia.

Su objeción ilustra por qué el acercamiento republicano no se traduce necesariamente en apoyo. Los votantes que sopesan presiones económicas también pueden estar preocupados por las consecuencias de los cambios en los servicios públicos.

El-Sayed ha tratado de mantener el costo de vida en el centro de su campaña. El argumento le da una posible apertura con votantes que pueden discrepar en política exterior pero comparten preocupaciones sobre los gastos cotidianos.

Si ese mensaje está llegando a los electorados que necesita sigue sin estar claro.

La información disponible no establece cómo se compara la participación de los votantes negros o judíos en el condado de Wayne con elecciones anteriores. Tampoco indica si la votación anticipada ha revelado patrones de participación inusuales en ninguna de las dos comunidades.

Sin esas cifras, el valor político del evento del domingo no puede medirse de antemano.

Su propósito, sin embargo, es evidente. El-Sayed necesita que los partidarios de Stevens participen en la elección, no solo que acepten que ella lo ha respaldado. También necesita una fuerte participación entre el electorado negro de Detroit.

Clyburn puede ayudar a transmitir ese mensaje, pero la decisión en última instancia recae en votantes que pueden tener preocupaciones que van mucho más allá de las personalidades que aparecerán juntas el domingo.

Un problema de Michigan con consecuencias nacionales

Michigan se ha convertido en una prueba importante de cómo compiten los demócratas en el Medio Oeste industrial.

La coalición electoral del partido reúne a activistas progresistas, comunidades minoritarias, votantes tradicionales de clase trabajadora y moderados suburbanos. Estos grupos tienen intereses superpuestos, pero no necesariamente coinciden en política exterior o en la dirección del Partido Demócrata.

La victoria de El-Sayed en las primarias demostró que un candidato progresista podía superar un gasto sustancial de la oposición y derrotar a un rival más moderado. La elección general está poniendo a prueba si ese mismo candidato puede ganar el apoyo de personas que preferían a otro demócrata.

Para Stevens y el ala moderada del partido, el dilema va en la dirección opuesta. Pueden considerar a El-Sayed un representante imperfecto de sus prioridades políticas, pero retener el apoyo podría ayudar a elegir a Rogers.

El desacuerdo tiene consecuencias más allá de Michigan porque el Senado sigue siendo muy disputado a nivel nacional.

Una victoria republicana afectaría la lucha por el control de la cámara, con implicaciones para la legislación sobre comercio, asistencia en defensa y política exterior estadounidense.

La contienda de Michigan también plantea preguntas sobre el papel de las organizaciones externas en las primarias demócratas. El cuantioso gasto de AIPAC ayudó a hacer de Israel un tema central en la batalla por la nominación, mientras que las posteriores disputas sobre Rebellion PAC y Carlson han mantenido bajo escrutinio las asociaciones políticas.

Para el liderazgo del partido, no hay una forma obvia de evitar que esos argumentos continúen en futuras elecciones. Es poco probable que los candidatos progresistas abandonen posiciones simplemente porque los votantes moderados objeten. Los moderados, mientras tanto, no pueden esperar que se ignore cada desacuerdo una vez terminadas las primarias.

El desafío es especialmente agudo en estados donde ninguno de los dos partidos tiene una ventaja electoral cómoda.

La campaña de El-Sayed debe persuadir a los votantes de que sus prioridades progresistas pueden acomodar las preocupaciones de un electorado demócrata más amplio. La aparición de Stevens el domingo proporcionará apoyo visible a ese esfuerzo, pero sus comentarios anteriores indican que todavía espera cambios en cómo el candidato aborda a partes de la coalición.

Para cuando se reúnan en Detroit, algunos votantes de Michigan ya habrán emitido su voto.

La pregunta restante es si la aparición llega lo suficientemente temprano como para influir en quienes aún deciden si participar. Para los votantes que han pasado meses cuestionando el juicio o las posiciones políticas de El-Sayed, ver a Stevens a su lado puede ofrecer tranquilidad. No resolverá, por sí solo, los desacuerdos que hicieron necesario su respaldo en primer lugar.

Fuentes: AP, The New York Times, The Atlantic, CNBC

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