El Banco de Inglaterra mantiene los tipos mientras el shock energético eleva el riesgo de un repunte de la inflación

El Banco de Inglaterra mantiene los tipos en el 3,75% el 17 de septiembre, pero advierte de que el shock energético eleva el riesgo de que la inflación vuelva a repuntar por encima del objetivo del 2%.
El Banco de Inglaterra ha mantenido su tipo de interés de referencia en el 3,75%, pero su última decisión apunta a un riesgo creciente de que la política monetaria vuelva a endurecerse, ya que el encarecimiento de la energía está llevando la inflación británica aún más por encima del objetivo.
El Comité de Política Monetaria votó 6-3 a favor de dejar sin cambios el tipo oficial el 17 de septiembre. Tres miembros —Megan Greene, Catherine L Mann y Huw Pill— respaldaron una subida inmediata de 0,25 puntos porcentuales, hasta el 4%, reflejando su preocupación por que el último shock energético pueda enquistarse en los precios internos y en los salarios.
La decisión llega en un momento en que la economía británica afronta una difícil combinación de inflación elevada, un mercado laboral más débil y unos costes de financiación más altos. La inflación de los precios de consumo alcanzó el 3,1% en agosto, frente al 2,9% de julio, muy por encima del objetivo del 2% del Banco. La entidad espera ahora que la inflación se sitúe en torno al 3,75% en el último trimestre de 2026 y ligeramente por encima del 4% en el primer trimestre de 2027 si se mantienen los precios actuales de la energía.
El shock energético eleva las previsiones de inflación
La principal fuente de incertidumbre es el prolongado conflicto en Oriente Próximo y su impacto en los mercados energéticos globales. Desde las previsiones de julio del Banco, el precio del crudo Brent ha subido alrededor de un 36%, mientras que los precios mayoristas del gas en el Reino Unido han aumentado un 78%. El 14 de septiembre, el Brent había alcanzado unos 106 dólares por barril y el gas mayorista británico se había situado en 207 peniques por termia.
El efecto inmediato ya se ha dejado notar en los costes de los hogares. Alrededor de 0,7 puntos porcentuales de la brecha de 1,1 puntos entre la inflación de agosto y el objetivo del 2% del Banco se atribuyeron al impacto directo de unos precios de la energía más altos, en particular de los carburantes. La inflación de servicios, sin embargo, se mantuvo en el 3,4%, sin cambios respecto a julio y muy por debajo del 4,5% de marzo.
La preocupación de los responsables de política monetaria no es tanto el aumento inicial de los costes energéticos como lo que ocurra después. Si el combustible, el gas y la electricidad caros se mantienen elevados durante el tiempo suficiente, las empresas podrían empezar a trasladar los mayores costes a una gama más amplia de bienes y servicios, mientras que los trabajadores podrían reclamar salarios más altos para compensar la pérdida de poder adquisitivo.
Hasta ahora, el Banco aprecia pocas pruebas de que este proceso de segunda ronda se haya consolidado. Pero los responsables de política monetaria advirtieron de que cuanto más se prolongue el shock energético, mayor será la probabilidad de que se extienda a la fijación de salarios y precios.
El ciclo de recortes de tipos, ahora bajo presión
La decisión de septiembre supone un cambio significativo en el equilibrio de riesgos que afronta el Banco. A principios de 2026, la dirección de la política monetaria británica apuntaba hacia unos costes de financiación más bajos, ya que la inflación parecía estar moderándose. El último shock energético ha complicado esa trayectoria.
Los tres miembros del comité que votaron por una subida de tipos argumentaron que el repunte esperado de la inflación podría coincidir con el periodo en que empresas y trabajadores negocian los salarios de 2027. También señalaron una actividad económica más fuerte de lo previsto y signos de que parte de la holgura del mercado laboral podría haber tocado ya techo.
La mayoría, sin embargo, consideró que las condiciones financieras existentes ya son suficientemente restrictivas para contener por ahora las presiones inflacionistas. Los costes de las hipotecas y de la financiación empresarial han aumentado desde el inicio del conflicto, mientras que la debilidad del mercado laboral sigue limitando los incentivos de los empleadores a subir los salarios de forma agresiva.
La propia evaluación del Banco ilustra esta tensión. El PIB británico creció un 0,4% en el segundo trimestre, algo más de lo esperado anteriormente, mientras que el PIB mensual de julio también aumentó un 0,4%. El Banco elevó posteriormente su estimación de crecimiento para el tercer trimestre al 0,4%, desde el 0,1% de su proyección de julio. Al mismo tiempo, la tasa de desempleo se situó en un 4,9% estimado en los tres meses hasta julio, lo que indica que el mercado laboral sigue más flojo que antes del shock energético.
Esto deja a los responsables de política monetaria ante dos riesgos opuestos: endurecer demasiado pronto podría lastrar aún más una economía ya frágil, mientras que esperar demasiado podría permitir que un shock energético temporal se convierta en un problema de inflación más persistente.
El gobernador Andrew Bailey explicitó la posible respuesta de política monetaria. El Banco señaló que, si la volatilidad de los precios de la energía se prolonga, aumentará la probabilidad de subir el tipo oficial para devolver la inflación al 2%.
Los precios de los alimentos añaden otra capa de incertidumbre
La energía no es la única presión externa que vigila el Banco. Los responsables de política monetaria también destacaron los riesgos para los precios de los alimentos derivados de la combinación de perturbaciones geopolíticas, fenómenos meteorológicos adversos y posibles efectos de El Niño.
Hasta ahora ha habido cierto alivio en este frente. Los agentes del Banco esperan que la inflación anual de los alimentos se sitúe en torno al 4% a finales de 2026, frente a las expectativas del 6-7% de principios de año. Pero el comité advirtió de que esta moderación podría reflejar en parte amortiguadores temporales, como que las empresas absorban los mayores costes a través de sus márgenes, sus reservas energéticas existentes o sus acuerdos de cobertura.
Si esos amortiguadores se agotan mientras los precios de la energía siguen elevados, parte de la presión inflacionista podría simplemente aparecer más tarde en lugar de desaparecer. El Banco espera, por tanto, que los efectos indirectos del shock energético cobren más importancia en los próximos meses.
El entorno global en su conjunto añade más incertidumbre. El comité señaló que la fuerte demanda de tecnología y componentes relacionados con la IA está contribuyendo a las presiones de precios en algunos sectores, mientras que las perturbaciones vinculadas a conflictos y al clima podrían afectar a los mercados agrícolas y de fertilizantes.
Un nuevo enfoque para las tenencias de bonos del Banco
La reunión de septiembre también trajo un cambio importante en la forma en que el Banco de Inglaterra prevé deshacer la deuda pública acumulada a través de su programa de relajación cuantitativa.
El comité acordó por unanimidad reducir a cero en 2034 el stock de deuda pública británica mantenido con fines de política monetaria. La cartera restante se reducirá a un ritmo medio de 46.000 millones de libras al año, combinando 20.000 millones de libras en ventas anuales con bonos que vencen de forma natural.
Las tenencias del Banco ya han caído sustancialmente desde su máximo de unos 895.000 millones de libras en febrero de 2022 hasta unos 488.000 millones en septiembre de 2026. Solo en el último año, el stock se redujo en 70.000 millones de libras, incluidos 21.000 millones mediante ventas activas de 'gilts'.
Con el nuevo marco, el Banco retendrá 120.000 millones de libras de los 'gilts' de mayor vencimiento como respaldo para la emisión actual y futura de billetes. De los 368.000 millones restantes, se espera que 222.000 millones desaparezcan por vencimiento, mientras que 146.000 millones se venderán finalmente.
El Banco también pausará por ahora las ventas activas de 'gilts'. El cambio pretende hacer el proceso más predecible y reducir el riesgo de que el propio endurecimiento cuantitativo desestabilice unos mercados de deuda pública ya de por sí volátiles.
Presión antes del presupuesto británico
La advertencia del Banco llega en un momento delicado para el Gobierno británico, con el presupuesto de otoño previsto para el 28 de octubre.
Una inflación más alta y la posibilidad de nuevas subidas de tipos podrían complicar la planificación fiscal al mantener elevados los costes de financiación del Estado. Al mismo tiempo, la debilidad del mercado laboral y unos costes de financiación más altos para los hogares limitan el margen para políticas que estimulen aún más la demanda.
Para empresas y hogares, el mensaje inmediato es que la decisión de septiembre no garantiza que los tipos se mantengan en el 3,75%. La próxima reunión del comité está prevista para el 5 de noviembre, y el Banco ha dejado claro que las futuras decisiones dependerán en gran medida de si el shock energético empieza a generar presiones más amplias sobre los salarios y los precios.
La cuestión central para la política monetaria británica ha pasado, por tanto, de si la inflación baja lo bastante rápido a si un shock energético externo puede mantenerse contenido. Por ahora, el Banco opta por esperar en lugar de subir los tipos de inmediato, pero los tres votos discrepantes y la revisión de las perspectivas de inflación muestran lo rápido que ha cambiado el debate de política monetaria.
Si los precios de la energía siguen elevados, es probable que aumente la presión sobre el Banco para que responda. Si el shock se disipa y las presiones internas sobre salarios y precios se mantienen contenidas, los responsables de política monetaria conservarán más margen para mantener los tipos sin cambios mientras la economía se ajusta. La decisión de septiembre deja abiertas ambas vías, con la duración del shock energético como factor central en las perspectivas de política monetaria del Reino Unido.
Fuentes: Bank of England, The Economic Times
