La UE mantiene la prohibición de perforar petróleo y gas en el Ártico pese a la presión de sus aliados, según el comisario Síkela

Isla Chisholm
Publicado 21 de octubre de 2026 · 5 visitas
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La UE mantiene la prohibición de perforar petróleo y gas en el Ártico pese a la presión de sus aliados, según el comisario Síkela
Editorial Collage

La UE mantiene su prohibición de perforar petróleo y gas en el Ártico pese a la presión de Noruega y Estados Unidos, mientras Londres aprueba el yacimiento de Jackdaw en el Mar del Norte.

Sin embargo, detrás de las firmes declaraciones públicas de la Comisión se esconde una creciente fractura diplomática con sus aliados más cercanos, así como una sutil recalibración de sus propias ambiciones legales.

Aunque los comentarios de Síkela subrayan una línea normativa inflexible, el documento estratégico real de la UE eliminó discretamente un compromiso clave de su anterior marco de 2021.

Hace cinco años, Bruselas se comprometió formalmente a trabajar en favor de "a multilateral legal obligation not to allow any further hydrocarbon reserve development in the Arctic or contiguous regions" o de comprar cualquier producto derivado de dichos proyectos.

Al explicar por qué se eliminó ese compromiso vinculante, un alto funcionario de la UE reconoció las duras realidades geopolíticas que están reconfigurando el extremo norte: "The world is changing there and it is harder — five years into this — to get to that kind of multilateral decision-making given the positions of various players."

La presión de los aliados

Este choque entre la postura medioambiental de Bruselas y las prioridades estratégicas de sus socios transatlánticos se hace más evidente que nunca en Oslo y Washington.

Noruega, que se ha convertido en el proveedor de gas por gasoducto más vital de Europa tras el desacoplamiento estratégico de la Unión Europea de la energía estatal rusa, ha pedido explícitamente a la UE que abandone su oposición a las nuevas perforaciones en el Ártico.

Con cuencas marinas maduras en declive, se prevé que la producción noruega de hidrocarburos caiga precipitadamente en la década de 2030 a menos que grandes grupos energéticos, como la empresa estatal Equinor, realicen nuevos descubrimientos comerciales fuera de las zonas de operación tradicionales y maduras.

El argumento de Oslo se basa en la seguridad energética inmediata: si Europa Occidental espera que Noruega mantenga su posición como proveedor energético fiable a largo plazo, no puede al mismo tiempo prohibir la exploración necesaria para sustituir los yacimientos en declive.

La brecha transatlántica

La posición de Estados Unidos también se ha distanciado de la visión restrictiva de la UE.

Mientras Washington y Moscú contemplan la apertura estratégica y económica de las rutas marítimas polares y los corredores de recursos del norte, la perspectiva de un consenso global vinculante para congelar la extracción de recursos se ha desvanecido efectivamente.

No obstante, la insistencia de la UE en mantener su postura ha recibido un fuerte respaldo de grupos medioambientales regionales y de una coalición de países nórdicos.

Una coalición nórdica ha pedido activamente a la UE que mantenga su prohibición de perforar petróleo y gas en el Ártico, argumentando que cualquier retroceso destruiría el liderazgo climático internacional y aceleraría el colapso ecológico polar.

Guerra, precios y pragmatismo

El debate interno de la UE sobre las reservas del Ártico se produce en un contexto de aguda turbulencia en los mercados globales. La guerra en curso en Irán ha enviado ondas de choque a los mercados energéticos mundiales, impulsando al alza los precios del crudo y del gas natural y reforzando la vulnerabilidad de las economías europeas a los picos externos de las materias primas.

Esta volatilidad geopolítica ha intensificado el debate sobre si las naciones occidentales deben priorizar los objetivos de transición a largo plazo hacia cero emisiones netas o la autonomía energética nacional inmediata.

Mientras funcionarios de la Unión Europea como Jozef Síkela consideran la preservación del Ártico un imperativo no negociable, los productores de energía sostienen que no asegurar reservas de sustitución durante una crisis internacional pone en riesgo la estabilidad económica sistémica.

Para grandes operadores como Shell y Equinor, la divergencia entre la política normativa de la UE y las políticas de recursos de Noruega y Estados Unidos crea un panorama regulatorio fragmentado. Aunque la UE mantiene su negativa a apoyar la extracción polar, su incapacidad para imponer una prohibición multilateral global deja a los operadores no comunitarios libres para seguir adelante bajo los regímenes regulatorios nacionales.

La apuesta de Londres en el Mar del Norte

El impacto más amplio de estas presiones energéticas geopolíticas ya se deja sentir en todo el Mar del Norte.

En una decisión que pone de relieve el agudo contraste entre la retórica medioambiental de la UE y la gestión nacional de la seguridad energética, el gobierno del Reino Unido ha aprobado oficialmente la perforación en el controvertido yacimiento de gas Jackdaw, en el Mar del Norte.

Situado a 240 kilómetros al este de Aberdeen, Escocia, el yacimiento de Jackdaw se desarrolla conjuntamente con el Grupo Shell. Según las previsiones de la compañía, el yacimiento producirá aproximadamente el 6,5 por ciento de la producción total de gas del Reino Unido en su capacidad máxima.

El momento de la aprobación británica —solo veinticuatro horas después de que la Comisión Europea presentara su estrategia para el Ártico— subraya cómo las preocupaciones inmediatas sobre el suministro están impulsando las decisiones políticas en las capitales occidentales. Al defender la medida, el primer ministro laborista Andy Burnham citó explícitamente la perturbación del mercado y las presiones sobre los costes para los consumidores vinculadas a los conflictos en Oriente Medio.

"At a time when people are really struggling, it's right that we look in a responsible way at maximising the existing energy reserves we have in Britain that could help", declaró el primer ministro Burnham. "We're committed to moving towards renewable energy and reaching net zero by 2050. But even on our ambitious climate path, we'll still require oil and gas as part of our energy needs for decades to come."

La política frente a los tribunales

La decisión del gobierno británico fue recibida con satisfacción por los grupos de la industria energética marina, que la presentaron como una salvaguarda fundamental para los suministros nacionales de combustible. Sin embargo, provocó la condena inmediata de organizaciones medioambientales y opositores políticos.

Zack Polanski, líder del Partido Verde, calificó la autorización de "climate vandalism", mientras que Greenpeace UK advirtió de que la decisión reflejaba "the toxic grip fossil fuel lobbyists still hold over our energy policy".

Ami McCarthy, responsable de política de Greenpeace UK, señaló que el desarrollo de yacimientos nacionales no protege a los hogares británicos de las fluctuaciones del mercado global: "True pragmatism means severing our reliance on expensive oil and gas that leaves British households broke, supercharges extreme weather, and leaves our energy security at the mercy of petrostates."

Además, la aprobación de Jackdaw abre un nuevo enfrentamiento con el poder judicial. El año pasado, un fallo histórico de un tribunal escocés declaró ilegales las aprobaciones anteriores de Jackdaw y Rosebank —otro importante proyecto del Mar del Norte que alberga las mayores reservas de petróleo sin explotar del Reino Unido— porque los reguladores no tuvieron en cuenta sus emisiones indirectas de carbono de alcance 3.

Al seguir adelante con Jackdaw mientras la decisión sobre Rosebank sigue pendiente, el gobierno británico ha demostrado su disposición a absorber fricciones legales y políticas para asegurar el suministro nacional de gas.

La decisión al otro lado del Mar del Norte subraya la paradoja central a la que se enfrentan hoy los líderes europeos: mientras Bruselas y funcionarios como el comisario Síkela intentan mantener una postura de principios contra la extracción de recursos polares, los gobiernos nacionales que afrontan presiones inmediatas de seguridad energética avanzan de forma decidida para extraer gas del subsuelo.

Fuentes: Euronews, Anadolu Ajansi

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