La demografía se convierte en la nueva línea divisoria política de Europa

Jian Oren
Publicado 18 de agosto de 2026 · 2 visitas
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La demografía se convierte en la nueva línea divisoria política de Europa
Editorial Collage

Geert Wilders sitúa el cambio demográfico en el centro del debate político europeo, enfrentándolo al cambio climático. Análisis de la complejidad demográfica en Europa y los Países Bajos.

El líder del Partido por la Libertad neerlandés, Geert Wilders, ha vuelto a situar la migración y el cambio demográfico en el centro del debate político europeo. En una columna publicada el 14 de agosto, Wilders argumentó que Europa debería preocuparse más por el cambio demográfico que por el cambio climático. En su opinión, los cambios en la estructura de la población ya están afectando a la economía, las normas sociales y las decisiones políticas en toda Europa occidental.

La demografía se convierte en la nueva línea divisoria política de Europa
Foto: Emanuele Cremaschi, Getty Images

Su argumento va mucho más allá de la política migratoria. Wilders presenta el cambio demográfico como un proceso a largo plazo capaz de remodelar la arquitectura política de Europa. Vincula la creciente proporción de personas con antecedentes migratorios con cuestiones de integración, seguridad, religión y el futuro de la identidad europea. Aquí es donde la demografía deja de ser meramente una cuestión estadística y se convierte en un instrumento político.

El problema de Europa va mucho más allá de la migración

Europa está experimentando una transformación demográfica fundamental, pero sus causas no pueden reducirse únicamente a la migración. El envejecimiento de la población, las bajas tasas de natalidad, la mayor esperanza de vida y los movimientos entre países están cambiando simultáneamente la estructura de las sociedades europeas.

Esto crea un difícil dilema para los gobiernos. Las economías europeas necesitan trabajadores a medida que disminuye la proporción de la población en edad laboral, mientras que los sistemas de pensiones y la atención sanitaria enfrentan una presión creciente. Al mismo tiempo, los aumentos rápidos de la migración pueden ejercer una presión adicional sobre la vivienda, las escuelas, los servicios municipales y los sistemas de integración.

Por lo tanto, el verdadero debate europeo no es una simple elección entre migración y demografía. La cuestión es qué tipo de migración puede integrar Europa, a qué escala, y qué políticas se necesitan para abordar la disminución de las tasas de natalidad y el envejecimiento de la población en el ámbito interno.

Los Países Bajos ilustran la complejidad

Wilders ha puesto especial énfasis en los Países Bajos, argumentando que los cambios en la composición religiosa y cultural del país son cada vez más significativos.

Sin embargo, las estadísticas oficiales revelan un panorama más complejo. Según Statistics Netherlands, en 2025, el 42% de las personas de 15 años o más afirmaron pertenecer a un grupo religioso o filosófico particular. Los musulmanes representaban el 6%, mientras que el 58% se describía como no religioso. En 2010, los musulmanes representaban el 5%, mientras que el 45% de la población se identificaba como no religiosa.

Las cifras entre los jóvenes son particularmente reveladoras. En 2024, el 13,4% de las personas de 18 a 25 años se identificaban como musulmanas, mientras que el 67,5% de este grupo de edad no se identificaba con ningún grupo religioso.

La demografía se convierte en la nueva línea divisoria política de Europa

Esto significa que el cambio generacional en los Países Bajos no se trata simplemente del crecimiento de una comunidad religiosa. También se trata de la secularización a gran escala de la sociedad neerlandesa. Europa no solo se está volviendo más diversa, sino también menos religiosa.

De las estadísticas a la movilización política

Esta incertidumbre convierte a la demografía en uno de los temas políticamente más poderosos de la próxima década. Para los partidos populistas de derecha, el cambio demográfico se ha convertido en un argumento en contra del modelo migratorio actual.

Su posición es que simplemente aumentar el número de personas en edad laboral mediante la inmigración no es suficiente. Los gobiernos deberían controlar sus fronteras, determinar la escala de la migración y exigir a los recién llegados que se integren en la sociedad.

Wilders va más allá al vincular la transformación demográfica con el futuro de la cultura y la política europeas. En su interpretación, los cambios en la población modifican gradualmente el electorado y, en consecuencia, las prioridades políticas de los estados. Ha vinculado los desarrollos demográficos en los Países Bajos con los cambios en la posición del país sobre Israel y la guerra en Gaza.

Esto ya no es simplemente un debate sobre el número de migrantes. Es una disputa sobre quién dará forma a las prioridades políticas de Europa dentro de 20 o 30 años.

Clima y demografía no pueden simplemente contraponerse

La parte más controvertida del argumento de Wilders es su decisión de contrastar las amenazas demográficas y climáticas. Europa no puede permitirse elegir solo un riesgo.

El cambio climático ya está afectando a la agricultura, los sistemas energéticos, la infraestructura y las ciudades, mientras que el cambio demográfico está dando forma al futuro de los mercados laborales, los sistemas de bienestar y la política.

Los dos procesos también se cruzan. Las presiones climáticas pueden contribuir al desplazamiento de la población, mientras que el envejecimiento demográfico afecta la capacidad de los gobiernos para financiar la adaptación a los riesgos climáticos. La migración, a su vez, puede compensar en parte la escasez de mano de obra, pero también requiere una inversión sustancial en integración.

Por lo tanto, el desafío central para Europa no es decidir cuál es el problema "real". Es desarrollar la capacidad de gestionar varias presiones a largo plazo al mismo tiempo.

La política demográfica se convierte en parte de la lucha por el futuro de Europa

La intervención de Wilders es significativa principalmente porque demuestra un cambio en la agenda política. Hasta hace poco, la demografía era en gran medida un tema para estadísticos, economistas y expertos en política social. Ahora se está convirtiendo cada vez más en una cuestión de identidad política.

Para los gobiernos centristas, esto crea un difícil acto de equilibrio. Deben apoyar economías que necesitan trabajadores, controlar la migración irregular, garantizar la integración y responder a las preocupaciones de los votantes sobre el cambio cultural.

Para los partidos de derecha, el cambio demográfico abre un espacio político más amplio, uno que les permite hablar no solo de fronteras, sino de cómo será Europa en el futuro.

Por eso es poco probable que el debate provocado por Wilders termine con su columna. La transformación demográfica ya se ha convertido en uno de los procesos políticos definitorios de Europa, mientras que la cuestión de cómo gestionarla se está moviendo gradualmente de los márgenes del debate público a su centro.

Fuentes: Brussels Signal, Breitbart, Statistics Netherlands

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