Kristersson dimite mientras las elecciones de Suecia abren difíciles negociaciones de gobierno

El primer ministro sueco, Ulf Kristersson, dimite tras confirmarse la ajustada victoria de la oposición por 176 escaños frente a 173, lo que abre complicadas negociaciones para formar Gobierno.
El primer ministro sueco, Ulf Kristersson, ha solicitado formalmente su relevo del cargo después de que el escrutinio final de las elecciones parlamentarias del país confirmara una ajustada victoria de la oposición. Los partidos de centroizquierda obtuvieron 176 de los 349 escaños del Riksdag, frente a los 173 de las cuatro formaciones que han respaldado el Gobierno de Kristersson: los Moderados, los Demócratas de Suecia, los Demócratas Cristianos y los Liberales.
Kristersson presentó su dimisión ante el presidente del Riksdag el jueves, poco después del recuento de los últimos votos. En su carta, afirmó que el resultado electoral crea condiciones complicadas para la formación de un nuevo Gobierno y sostuvo que el proceso debe comenzar de inmediato. Según el sistema sueco, el primer ministro saliente y sus ministros permanecen en funciones hasta que un nuevo Gobierno asuma el cargo.
Un estrecho giro electoral
El resultado supone un cambio en el equilibrio parlamentario después de cuatro años en los que Kristersson gobernó con el apoyo de los Demócratas de Suecia. El bloque opositor formado por los Socialdemócratas, el Partido de Izquierda, el Partido Verde y el Partido de Centro terminó con 176 escaños, tres más que las formaciones que respaldaban al Gobierno saliente. La diferencia entre ambos bandos fue de 50.359 votos, lo que subraya lo reñida que fue la contienda.
Los Demócratas de Suecia también afrontan un cambio significativo en su posición electoral. La formación, que se convirtió en la segunda fuerza del bloque gobernante durante la legislatura anterior, perdió apoyo respecto a los comicios de 2022. Reuters informó de que su retroceso fue el primero en unas elecciones parlamentarias desde que el partido se consolidó en la corriente política principal de Suecia, aunque sigue siendo una fuerza importante en el Riksdag.
El resultado, sin embargo, no se traduce automáticamente en un nuevo Gobierno. El sistema parlamentario sueco exige que un primer ministro sea aceptado por el Riksdag, y la composición del Parlamento de 2026 deja a los partidos ante negociaciones sobre cómo puede funcionar una mayoría de Gobierno.
Magdalena Andersson afronta la siguiente prueba
Con la salida de Kristersson, el presidente de la Cámara iniciará consultas con los partidos para designar a un nuevo primer ministro. Se espera que la líder socialdemócrata, Magdalena Andersson, sea una figura central en esas conversaciones tras haber dirigido la campaña opositora. La propia explicación del Riksdag sobre el proceso posterior a las elecciones señala que, tras una dimisión, el presidente de la Cámara consulta a los líderes de los partidos antes de proponer un candidato a primer ministro.
Andersson ya ha señalado que el resultado electoral debería traducirse en un cambio de Gobierno. Sin embargo, los cuatro partidos que suman los 176 escaños de la oposición no constituyen un bloque convencional de un solo partido, y su cooperación tendrá que traducirse en un acuerdo parlamentario viable. El Partido de Centro y el Partido de Izquierda, en particular, han mantenido anteriormente posiciones distintas sobre la cooperación con los Socialdemócratas, lo que puede hacer que las negociaciones sean más complejas de lo que sugiere por sí sola la aritmética de escaños.
La aritmética parlamentaria también implica que el próximo Gobierno podría necesitar apoyarse en acuerdos que vayan más allá de una coalición formal. El sistema sueco no exige que un primer ministro obtenga la mayoría absoluta de los diputados: un candidato es aceptado salvo que más de la mitad del Riksdag vote en contra. Esto hace que las negociaciones sobre abstenciones, confianza y ámbitos políticos concretos puedan ser tan importantes como la composición formal del gabinete.
El presidente de la Cámara toma protagonismo
La dimisión de Kristersson permite que comience la siguiente etapa del proceso. El Riksdag recién elegido tiene previsto constituirse el 28 de septiembre y elegir a su presidente, mientras que la primera votación posible sobre un nuevo primer ministro es el 29 de septiembre.
El presidente de la Cámara puede realizar hasta cuatro intentos para encontrar a un primer ministro que no sea rechazado por mayoría absoluta de los diputados. Si las cuatro propuestas fracasan, Suecia debe celebrar elecciones extraordinarias en un plazo de tres meses. Estos comicios son muy poco frecuentes: según el Riksdag, Suecia solo ha celebrado uno bajo el marco constitucional actual.
Esa posibilidad sigue siendo un escenario de contingencia más que un desenlace inmediato. La primera tarea consistirá en determinar si Andersson puede reunir suficiente apoyo parlamentario y si los partidos de centroizquierda pueden conciliar sus respectivas posiciones lo suficiente como para sostener un Gobierno.
Un cambio en la dirección política de Suecia
Las elecciones llegan además en un momento significativo para la posición de Suecia en Europa. El Gobierno de Kristersson supervisó la entrada de Suecia en la OTAN en 2024, un giro de gran calado en política exterior y de seguridad tras la invasión a gran escala de Ucrania por parte de Rusia. El próximo Gobierno heredará el mismo entorno estratégico, incluidas las responsabilidades de Suecia en la OTAN, su papel en la seguridad europea y el apoyo continuado a Ucrania.
El cambio de Gobierno podría afectar, por tanto, al énfasis y a las prioridades de la política interior sueca sin revertir necesariamente la orientación de seguridad más amplia del país. La pertenencia de Suecia a la OTAN está ya integrada en su planificación institucional y de defensa, mientras que el entorno de seguridad del país sigue marcado por la guerra en Ucrania y la transformación más amplia de la defensa europea.
Por ahora, sin embargo, el asunto inmediato es interno: Suecia debe pasar de un resultado electoral excepcionalmente ajustado a un Gobierno en funcionamiento. La dimisión de Kristersson elimina el primer obstáculo, pero el equilibrio parlamentario de 176-173 significa que la siguiente etapa dependerá de las negociaciones entre partidos que aún no han demostrado que puedan actuar como un bloque de gobierno unificado.
Sources: SVT, Swedish Riksdag, Swedish Election Authority
