Gianni Infantino retira el plan de inversión de 4.200 millones de dólares de la FIFA tras la amenaza de boicot de la UEFA

Elise Aranda
Publicado 7 de agosto de 2026 · 2 visitas
Seguir
Compartir
Gianni Infantino retira el plan de inversión de 4.200 millones de dólares de la FIFA tras la amenaza de boicot de la UEFA
Editorial Collage

Gianni Infantino retira el plan de inversión de 4.200 millones de dólares de la FIFA tras la amenaza de boicot de la UEFA. La oposición de las confederaciones y las divisiones internas marcan un punto de inflexión en la gobernanza del fútbol mundial.

Sobre el papel, el sistema de votación de la FIFA parecía manejable. Los cambios importantes de gobernanza requieren 106 votos. Infantino tenía todas las razones para creer que aún contaba con un amplio apoyo en toda la organización.

En cambio, la oposición se cristalizó casi de la noche a la mañana.

Las 55 asociaciones de la UEFA acordaron el 30 de julio que las selecciones europeas se retirarían de las competiciones de la FIFA si el plan de propiedad privada continuaba sin salvaguardias vinculantes de gobernanza. La amenaza era condicional más que inmediata, pero políticamente lo cambió todo.

Cuando la CONCACAF y la AFC se alinearon detrás de Europa, los números se volvieron imposibles de ignorar. Juntas, las tres confederaciones controlaban 136 votos, muy por encima de los necesarios para bloquear la iniciativa.

La propuesta no colapsó porque los inversores perdieran interés. Colapsó porque no había camino hacia la victoria.

La retirada de la FIFA del capital privado se convierte en una batalla por el control del fútbol mundial

Gianni Infantino ha abandonado su plan de abrir los activos comerciales más valiosos de la FIFA a inversores de capital privado, pero la rapidez de la retirada ha hecho poco para contener las consecuencias políticas.

Lo que comenzó como un ambicioso intento de remodelar la forma en que el fútbol mundial genera ingresos ha expuesto en cambio los límites de la autoridad presidencial dentro de la FIFA. El organismo rector puede haber retirado la propuesta de la Empresa FIFA Forward (FFE), pero la disputa ha evolucionado hacia algo mucho más difícil de resolver: una crisis de confianza entre el liderazgo de la FIFA y las organizaciones que conforman su mayoría votante.

La propuesta surgió a finales de julio con una promesa financiera llamativa. La FIFA pretendía crear una subsidiaria comercial responsable de gestionar los derechos operativos y comerciales de sus torneos insignia, incluidos los Mundiales masculino y femenino y el ampliado Mundial de Clubes. Una presentación de 25 páginas preparada por JP Morgan esbozaba una estructura en la que inversores privados, liderados por la firma estadounidense de capital de riesgo Thrive Eternal, adquirirían participaciones minoritarias en la nueva empresa.

Para ayudar a asegurar el apoyo, a cada una de las 211 asociaciones miembro de la FIFA se les ofrecieron 40 millones de dólares, con la mitad de esa suma prometida antes del 19 de septiembre.

El paquete financiero era generoso.

El cálculo político resultó ser un grave error.

Los números, no las negociaciones, forzaron la retirada de la FIFA

Infantino no perdió porque surgieran inversores rivales o porque el modelo comercial no lograra convencer al mercado. Perdió porque la aritmética de votos se volvió en su contra casi de inmediato.

El 30 de julio, las 55 asociaciones nacionales de la UEFA acordaron una posición común. Si la FIFA continuaba con el proyecto FFE sin garantías vinculantes sobre gobernanza, los equipos europeos se retirarían de las competiciones de la FIFA. Los primeros informes describieron la medida como un boicot absoluto, pero la amenaza era explícitamente condicional. Aun así, transformó el debate.

Gianni Infantino retira el plan de inversión de 4.200 millones de dólares de la FIFA tras la amenaza de boicot de la UEFA
Soccer Football - Official Draw for the FIFA Club World Cup UAE 2018 - Zurich, Switzerland - September 4, 2018 General view of the FIFA logo before the start of the draw REUTERS/Arnd Wiegmann/File Photo Purchase Licensing Rights

El momento decisivo llegó cuando la UEFA ya no estaba sola.

La CONCACAF, que representa a 35 asociaciones, y la Confederación Asiática de Fútbol, con otras 46, rechazaron públicamente la propuesta, criticando tanto la falta de consulta como la forma en que se había desarrollado el plan. Juntas, las tres confederaciones controlaban 136 votos, muy por encima de los 106 necesarios para bloquear cualquier cambio importante de gobernanza.

En ese punto, la propuesta estaba políticamente muerta.

En cuarenta y ocho horas, la FIFA anunció que FFE sería abandonado. Posteriormente se enviaron cartas confirmando la decisión a las 211 asociaciones miembro, cerrando formalmente el proyecto antes de que llegara a votación.

Sin embargo, archivar la propuesta no restauró la confianza.

La disputa más grande nunca fue sobre inversión

El capital privado se convirtió en el titular porque era fácil de entender. Dentro de las instituciones rectoras del fútbol, sin embargo, la preocupación más profunda residía en otro lugar.

Muchas asociaciones estaban menos alarmadas por la perspectiva de capital externo que por el proceso mediante el cual se había ensamblado el proyecto. Las confederaciones regionales argumentaron que uno de los cambios comerciales más grandes en la historia reciente de la FIFA se había preparado sin una consulta significativa y luego se presentó como un paquete listo para su aprobación.

Esa queja unió rápidamente a organizaciones que no siempre se encuentran en el mismo lado de los debates institucionales.

La UEFA, la CONCACAF y la AFC rara vez hablan con una sola voz en cuestiones de gobernanza. Su disposición a hacerlo en este caso reflejó una preocupación compartida de que las decisiones que afectan a las competiciones más valiosas del fútbol ya no podían tomarse mediante un proceso en gran medida impulsado por el ejecutivo.

La respuesta después de que la FIFA abandonara el plan mostró que la confrontación estaba lejos de terminar.

El 3 de agosto, el asesor legal de la UEFA advirtió a la FIFA de que eran posibles litigios, arbitrajes y denuncias regulatorias. También exigió que se conservara cada documento relacionado con FFE, calificando el asunto como una violación fundamental de la confianza.

Ese lenguaje sugería que el problema había ido más allá de una iniciativa comercial fallida. Se había convertido en una cuestión de responsabilidad institucional.

Las grietas dentro de la FIFA se volvieron imposibles de ignorar

La presión no vino solo de fuera de la FIFA.

Mientras la oposición cobraba impulso, figuras senior dentro de la organización también se distanciaron del proyecto. Carlos Cordeiro renunció a su cargo de asesor senior de estrategia global y gobernanza, calificando la propuesta de mal negocio. El director de operaciones de la FIFA, Kevin Lamour, reconoció públicamente que la administración misma había sido engañada.

Tales desacuerdos públicos son inusuales en el nivel más alto de la FIFA.

En lugar de presentar un frente unido durante una crisis política, los miembros del liderazgo expusieron desacuerdos sobre cómo una de las iniciativas comerciales más significativas de la organización había llegado a una etapa tan avanzada.

Gianni Infantino retira el plan de inversión de 4.200 millones de dólares de la FIFA tras la amenaza de boicot de la UEFA
Soccer Football - FIFA World Cup 2026 - Final - Spain v Argentina - New York/New Jersey Stadium, East Rutherford, New Jersey, U.S. - July 19, 2026 FIFA President Gianni Infantino during the trophy presentation after the match REUTERS/Dylan Martinez/File Photo Purchase Licensing Rights

Incluso más allá de la sede de la FIFA, las críticas se hicieron más fuertes. Javier Tebas, presidente de LaLiga española, fue más lejos que la mayoría al pedir abiertamente la renuncia de Infantino.

La controversia ya no se limitaba a una disputa interna sobre gobernanza. Se había convertido en un desafío a la autoridad del hombre que ha dominado la política de la FIFA desde que asumió el cargo en 2016.

Un punto de inflexión para la gobernanza de la FIFA

Infantino ha pasado gran parte de la última década expandiendo el alcance comercial de la FIFA mientras fortalecía constantemente la presidencia. Desde que sucedió a Sepp Blatter en 2016, ha ganado dos campañas de reelección sin oposición y, hace solo unos meses, anunció su intención de buscar otro mandato en el Congreso de la FIFA en Marruecos.

FFE era más que una propuesta comercial. Reflejaba una visión más amplia de cómo debería operar la FIFA: usar capital privado para acelerar el crecimiento y generar mayores retornos de las competiciones que los inversores consideraban activos comerciales subexplotados. Las asociaciones nacionales, a cambio, recibieron la promesa de pagos que podrían alcanzar los 24 millones de euros por ciclo entre 2035 y 2039.

La resistencia reveló que muchas asociaciones estaban dispuestas a rechazar esos incentivos financieros si creían que venían a costa del control institucional.

Esa distinción podría moldear la próxima década de la FIFA.

A la organización no le falta dinero. Sus reservas financieras superan los 5.000 millones de dólares, por lo que el proyecto FFE nunca se trató de resolver un problema de financiación inmediato. Era un intento de cambiar cómo se financiarían en el futuro las competiciones más valiosas del fútbol.

Ese debate ahora es mucho más difícil de reabrir.

Una presidencia bajo presión

La retirada de FFE eliminó la amenaza inmediata de una confrontación por el Mundial, pero no reparó la relación entre la FIFA y sus confederaciones más influyentes.

La exigencia de la UEFA de que se conserven los documentos, junto con las advertencias de posibles acciones legales y arbitraje, asegura que el escrutinio del proyecto continuará a pesar de su cancelación. Las preguntas sobre consulta, transparencia y toma de decisiones internas no han desaparecido simplemente porque la propuesta haya sido retirada.

Para Infantino, el momento no podría ser peor.

Se esperaba que su campaña para un cuarto mandato se centrara en la continuidad y la creciente fortaleza financiera de la FIFA. En cambio, la atención se ha desplazado hacia el liderazgo y la gobernanza. El episodio ha demostrado que las alianzas que una vez apuntalaron su autoridad ya no están garantizadas y que las confederaciones regionales están cada vez más dispuestas a actuar colectivamente cuando creen que el ejecutivo de la FIFA ha excedido su mandato.

Quizás la consecuencia más duradera del asunto FFE no sea que un proyecto comercial de 4.200 millones de dólares fracasara.

Es que la UEFA, la CONCACAF y la AFC demostraron que pueden imponer límites políticos a la presidencia de la FIFA cuando deciden actuar juntas. Ese veto colectivo puede resultar más significativo que cualquier propuesta de inversión, porque cambia el equilibrio de poder dentro del fútbol mundial mucho después de que los documentos de FFE hayan sido archivados.

Fuentes: Reuters, BBC.

Compartir